Austria planea controles en la frontera con Italia para frenar a los migrantes y enfurece a Roma

António Costa de retorno. Lema: la coordinación El gobierno se teme por la confianza, después de la tragedia y de asalto. Costa ya regresó de sus vacaciones. La pregunta sigue siendo: ¿qué causó todo este daño al ejecutivo?

Los planes anunciados por Austria para restablecer los controles en la frontera con Italia, temiendo un aumento de la entrada de inmigrantes en su territorio, muestra cómo la Unión Europea sigue dividida en la respuesta a la crisis migratoria. En las últimas semanas, miles de personas fueron rescatadas en el Mediterráneo y llevadas a Italia, lo que hizo que el gobierno de Paolo Gentiloni exigir una mayor solidaridad de los socios, llegando incluso a sugerir que podría encerrar sus puertos a barcos transportando migrantes.

El escenario está lejos de lo vivido en 2015, cuando cerca de un millón de personas, gran parte huidas de las guerras en Siria e Irak, cruzaron el Egeo hacia Grecia, pero Italia dice tener razones para estar alarmada. De los casi cien mil migrantes que llegaron en la primera mitad del año a Europa, casi 85.000 desembarcar en Italia, un aumento del 20% con respecto a igual período del año pasado. En su mayoría proceden del África subsahariana (y por eso clasificados a la partida como inmigrantes económicos, no incluidos en el plan de redistribución de refugiados) que salen de las costas de Libia, donde el caos reinante permite a las cada vez más profesionalizadas redes de contrabandistas operar Sin control.

La llegada del verano, con el aumento de la temperatura y la mejora de las condiciones del mar, prevé un aumento aún mayor de las llegadas en los próximos meses.

Ante este dato, el ministro de Defensa austriaco, Hans Peter Doskozil, dijo este martes a un diario nacional que “muy pronto se introducirán controles” al paso de Brenner, el principal puesto fronterizo con Italia. Un portavoz de Doskozil explicó después de que Viena envió ya a la zona cuatro blindados – “no son tanques de guerra” – y tiene 750 soldados listos para ser destacados. “Si la situación se agudiza en Italia estamos preparados para evitar una situación comparable a la de 2015”, afirmó. Hace dos años Austria recibió miles de refugiados, pero acabaría siendo uno de los promotores del cierre de fronteras que llevó al cierre de la ruta de los Balcanes.

Con el agravamiento de la situación en Italia, ya meses de las legislativas (en las que la inmigración promete ser un tema caliente), el Gobierno austriaco ha dejado en el aire la posibilidad de restablecer los controles al paso de Brenner, un puesto vital en las conexiones terrestres Entre el sur y el norte de Europa, aunque el Gobierno italiano advirtió que la iniciativa violaría la ley europea.

Las declaraciones de Doskozil llevaron al Ministerio de Asuntos Exteriores italianos a llamar al embajador austriaco en Roma para pedir explicaciones, un gesto de reprobación poco habitual entre socios europeos. “Estoy francamente sorprendido con estos comentarios”, dijo el ministro del Interior italiano, Marco Minniti, subrayando que tal iniciativa sería “injustificada”, “sin precedentes” e “inevitablemente crear repercusiones en la cooperación de seguridad”. A su vez, su homólogo austriaco, Wolfgang Sobotka, aseguró que no hay razones para restablecer los controles en la frontera.
Italia pide más solidaridad

El lunes, después de que unas 12.000 personas llegar a los puertos italianos en pocos días, Francia, Alemania y la Comisión Europea prometieron más dinero para ayudar a Italia a lidiar con el aumento de las llegadas y para financiar la debilitada guardacostas libia, aunque Sin revelar importes. Pero el ejecutivo de Gentiloni, presionado por la oposición de derecha, insiste en que la responsabilidad no puede seguir recaída exclusivamente sobre Italia.

Una de sus principales quejas es que todos los migrantes rescatados frente a Libia -aunque sea en aguas internacionales por barcos matriculados en otros países- son trasladados a los puertos italianos. La semana pasada, Roma hizo saber que iba a pedir a Bruselas autorización para rechazar la entrada a embarcaciones que no tuvieran la bandera italiana o no pertenecieran a las dos misiones europeas que actuaban en la zona.

La idea, que violaba la ley marítima internacional, fue abandonada, adelanta el diario Guardian, pero El País informó el lunes que Roma está tratando de convencer a España para que algunos de estos barcos sean encaminados a sus puertos.